Hoy se celebra el día de la Virgen María Auxiliadora

La historia de la madre de los salesianos inició cuando en el años 749 propagó la jaculatoria: “María Auxiliadora, rogad por nosotros”.

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El culto desde muy antiguo dado con el título de María Auxiliadora a la Santísima Virgen, fue ‘solemnemente decretado por el Sumo Pontífice después de la victoria de Lepanto, hacia cerca de un siglo que los turcos tenían sumida en la, consternación a toda la cristiandad. Selim II, hijo y sucesor de Salimán, emperador de Constantinopla, habiéndose apoderado de la isla de Chipre, tan sólo en la ciudad de Nicosia hizo pasar a cuchillo como a veinte mil cristianos, e iba ya a caer sobre Venecia con un poderoso ejército, as­pirando nada menos que a la conquista del mundo.

El Papa San Pío V, que a la sazón gobernaba la Iglesia, hizo un llamamiento a las naciones cristianas, para que unidas rechazaran las hues­tes del enemigo común y gracias a esta iniciativa, salvó entonces, por decirlo así, a la cristiandad, ordenando preces públicas y llamando a los príncipes católicos a socorrer a los sitiados.

Uno solo acudió, el inmortal Juan Sobieski, rey de Polonia, con un puñado de soldados pe­netró en Viena, convertida en ruinas, el 13 de septiembre, en compañía del príncipe Carlos, asis­tió a la misa, que ayudó con los brazos en cruz, comulgó y recibió con todo el ejército la bendi­ción, luego exclamó: “Soldados, por la gloria de Polonia, liberación de Viena y bien de toda la cristiandad, macharemos contra los enemigos;  con la protección de María obtendremos la vic­toria”. Pronto se formó un buen ejér­cito y se fueron en busca del enemigo.

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El 7 de Octubre de 1.572 se encontraron dos ejércitos, en un sitio lla­mado golfo de Lepante, donde los mahometanos tenían 282 barcos y 88.000 soldados, lo cual gracias a la virgen fueron vencidos, en ese mismo año el Papa San Pío V ordenó que en todo el mundo católico se rezara en las letanías la advocación: María Auxiliadora, rogad por nosotros”, porque en ese año la Virgen libró prodigiosamente en la batalla de Lepanto a toda la cristiandad que iba a ser destruida por un ejército mahometano donde los cristianos eran inferiores en número.

Al principio la batalla era desfavorable para los cristianos, pues el vien­to corría en dirección opuesta a la que ellos llevaban, y detenía sus barcos, que eran todos barcos de vela o sea movidos por el viento. Pero luego — de manera admira­ble — el viento cambió de rumbo, batió fuertemente las velas de los barcos del ejército cristiano, y tos empujó -con fuerza contra las naves enemigas. Entonces nuestros soldados dieron una carga tremenda y en poco rato de­rrotaron por completo a sus adversarios.

Es de notar, que mientras la batalla se llevaba a cabo, el Papa Pío V, con una gran multitud de fieles recorría las calles de -Roma rezando el Santo Rosario, que en efecto, el ejército otomano, después de breve combate, se retiró en desorden, pasó el Danubio, y dejó en el campo cien mil hombres y cuantioso botín. Jamás se vio más gloriosa vic­toria y que menos sangre costase a los vencedo­res.

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Unánimemente reconocieron» éstos la protec­ción de maría, y con gran solemnidad dirigiéndose a la catedral, para cantar un TE DEUM de acción de gracias y presentar el estandarte turco encon­trado en la tienda del gran visir, el cual se celebró en agradecimiento de tan espléndida victoria, el Papa San pío v mandó que en adelante cada año se celebrara el siete de octubre, la fiesta del santo rosario, y que en las le­tanías se rezara siempre esta oración: con esta ocasión erigiéndose en Múnich, en Baviera, la primera cofradía en honor de maría auxiliadora.

Enriquecida por la santa sede con numerosas indulgencias, agregáronse a ella, muchos reyes y reinas, prelados, sacerdotes y fíeles de toda Europa.

A principios del siglo XIX, Napoleón I, enlo­quecido con sus victorias, quiso ingerirse en el gobierno de la Iglesia y obligar a Pío VII a ce­derle formalmente los estados pontificios. Irrita­do con la oposición a tales pretensiones, en 1814, el Papa Pío VII, fue hecho prisionero por el general Napoleón en Sayona y después a Fon-tainebleau. Varios años llevaba de prisión el Vicario-de Cristo, y no se veían esperanzas de obtener la libertad pues el emperador era el más poderoso gobernante de -ese entonces.

Hasta los reyes temblaban en su presencia, y su ejército era siempre el vencedor en las batallas, pero el Sumo Pontífice nunca perdió la esperanza y le hizo entonces una promesa a la Virgen que el día que llegara a Roma, en libertad, lo declararía fiesta de María Auxiliadora “Oh Madre de Dios, si me libras de esta indigna prisión, te honraré decretándote una fiesta en la Iglesia Católica”, Inesperadamente el Pontífice quedó libre, y llegó a de nuevo en la ciudad papal en Roma el 24 de Mayo. Desde entonces quedó declarado el 24 de mayo como día de María Auxiliadora.

PIÓ VII RECOBRA LA LIBERTAD.

A principios del siglo XIX, Napoleón I, enlo­quecido con sus victorias, quiso ingerirse en el gobierno de la Iglesia y obligar a Pío VII a ce­derle formalmente los estados pontificios. Irrita­do con la oposición a tales pretensiones, hízolo conducir prisionero a Sayona y después a Fon-tainebleau. Varios años llevaba de prisión el Vicario-de Cristo, y no se veían esperanzas de obtener la libertad pues el emperador era el más poderoso gobernante de -ese entonces.

Hasta los reyes temblaban en su presencia, y su ejército era siempre el vencedor en las batallas, pero el Sumo Pontífice hizo entonces una promesa: “Oh Madre de Dios, si me libras de esta indigna prisión, te honraré decretándote una fiesta en la Iglesia Católica”, luego que se hallase de nuevo en la ciudad papal.

En tanto, todo sonreía a Napoleón, que, an­sioso de mayores glorias había llevado las armas contra Rusia”, las excomuniones del Papa no son capaces de quitar el fusil de la mano de mis soldados”, vio con desilusión que, en los friísimos campos de Rusia, a donde fue a batallar, el frío helaba las manos de sus soldados, y el fusil se les iba cayendo, el que había ido deslum­brante, con un famoso ejército, volvió humillado con unos pocos y maltrechos hombres, donde millares morían quedando sepul­tados en la nieve que al volver se encon­tró con que sus adversarios le habían preparado un fuer­te ejército, el cual lo atacó y le proporcionó una total derrota.

De desgracia en desgracia, llegó a parar en manos de sus peores enemigos,  fue luego expulsado de su país, y el que antes se atrevió a aprisionar al Papa, se vio obligado a pasar en triste prisión el resto de su vida, desterrado en la isla de Santa Elena, arrepentido del mal hecho a la Iglesia, término sus días desterrado y en prisión, fue así que después de todos esos acontecimientos el Papa pudo entonces volver a su sede pontificia, y el 24 de mayo de 1814 re­gresó triunfante a la-ciudad de Roma y en memoria de este notable favor de la Virgen María, Pío VIl decretó que de ese día en adelante cada 24 de mayo se celebrara en Roma la fiesta de María Auxiliadora, en acción de gracias a la Madre de Dios.

“No terminaríamos jamás si nos propusiéra­mos referir siquiera la milésima parte de las gra­das  y favores dispensados por María. Diremos tan sólo que el célebre Renato Rohrbacher,   que pasó su vida entera en estudiar y escribir la His­toria de la Iglesia Católica a fondo y las Vías  de que    en los varios tiempos se ha servido el Espíritu Santo para la salvación de las      almas, se durmió en el Señor pronunciando estas palabras: ¡Auxilium Christianorum! Como si dijera: María es quien siempre ha sido la ayuda de los Cristia­nos, María quien los      protegerá  en  los  combates  de  la  vida  y  particularmente  a  la  hora  de  la  muer­te”.

En 1860 la Santísima Virgen se aparece a San Juan Bosco y le dice que quiere ser honrada con el título de “Auxiliadora”, y le señala el sitio para que construya en Turín, Italia, su Santuario, Don Bosco ha sido, en la historia de la Iglesia, el gran apóstol de María Auxiliadora. Él solía decir: “Confíen en María Auxiliadora y verán lo que son los milagros”.

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El 9 de junio de 1868, se consagró en Turín, Italia, la Basílica de María Auxiliadora. La historia de esta Basílica es una cadena de favores de la Madre de Dios. su constructor fue San Juan Bosco, humilde campesino nacido el 16 de agosto de 1815, de padres muy pobres. A los tres años quedó huérfano de padre. Para poder ir al colegio tuvo que andar de casa en casa pidiendo limosna. La Sma. Virgen se le había aparecido en sueños mandándole que adquiriera “ciencia y paciencia”, porque Dios lo destinaba para educar a muchos niños pobres. Nuevamente se le apareció la Virgen y le pidió que le construyera un templo y que la invocara con el título de Auxiliadora.

Empezó la obra del templo con tres monedas de veinte centavos. Pero fueron tantos los milagros que María Auxiliadora empezó a hacer en favor de sus devotos, que en sólo cuatro años estuvo terminada la gran Basílica. El santo solía repetir: “Cada ladrillo de este templo corresponde a un milagro de la Santísima Virgen”. Desde aquel santuario empezó a extenderse por el mundo la devoción a la Madre de Dios bajo el título de Auxiliadora, y son tantos los favores que Nuestra Señora concede a quienes la invocan con ese título, que ésta devoción ha llegado a ser una de las más populares.

San Juan Bosco decía: “Propagad la devoción a María Auxiliadora y veréis lo que son milagros” y recomendaba repetir muchas veces esta pequeña oración: “María Auxiliadora, rogad por nosotros”. Él decía que los que dicen muchas veces esta jaculatoria consiguen grandes favores del cielo.

¡Oh, Maria, poderosa Auxilio de los Cristianos que confiados de tu misericordia, acuden a tu trono lleno de confianza, oye los ruegos de tus hijos que suplicantes imploramos tu poderoso patrocinio, para poder huir del pecado y de las ocasiones de pecar!

Amen.

Noticia Global/Foto Archivo

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